El estaba vagando, como cual niño camina desconcertado buscando el regazo de su madre, era la primera vez que se encontraba en una ciudad tan grande y cada letrero luminoso lo hacia detener por completo e hipnotizado de colores y luces sulfurantes, provocaba un mar de insultos de los transeúntes que como noctámbulos caminaban sin detenerse por esos grices arterias contaminantes de una ciudad que moría de a poco.
Caminado sin descanzo, logró recorrer 10 cuadras fuera de la estación de trenes, el barrio parecia tranquilo, a pesar que a pocas cuadras bullía el constante agetreo de la calle más abarrotada del país, utilizando las indicaciones de su sistema de navegación, encontró el paseo que se establecia frente al palacio precidencial, cruzó cinco cuadras más y llegó al numero indicado. Sin embargo , algo embriagó su corazon de un sentimiento que a ratos rehuia. La casona se notaba desvencijada, pero bien conservada, tenia pequeñas rendijas y parecia que a dentro se respiraba un ambiente agradable, todo estaba perfecto si no ubiese notado el pequeño detalle que frente al frontis decia: "Tienda de abarrotes Calicando y Cia." Clausurado- No traspasar la linea Policia de Investigaciones-
Pensativo, y sin más espasmos verificó nuevamente el numero, la calle, y su sistema navegador, todo estaba bien, luego volteó el papel con la dirección y decia -"en caso de incovenientes llame a este numero: 4382100" El tomó su telefono y llamó. Contestó una señorita que por su dicción parecia tosca y arremetida, sin duda alguna era una contestadora -gracias por llamar al numero 4382100, por favor luego de la música atenderemos su llamado- ipso facto empezó el invierno, melodia clasica de más de diez minutos que El conocia muy bien, era una de sus preferidas y precisamente esa melodía alguna vez marcaria un paso importante en su vida.
¡tambores, platillos, oboes, clarinetes, y cómo no iba a faltar el violín!, sin embargo, que extraño, el piano brillaba por su ausencia, al termino de esos diez minutso entre el cielo y el infierno, diez miserables minutos de ansiedad, frente a un local donde un suceso trágico acababa de acontecer, una señora atendió el telefono -Buenos días señor, espectantes esperambamos su llamado, disculpe los cambios de ultima hora, pero aquel asunto que con extrañeza usted observa, escapaba de nuestras manos, por favor entre sin temor, lo esperamos en el patio interior.
El no parecia preocuparse por entrar, pero si por lo que podria ver al interior, habrió la puerta de la casa, no habia mucho que observar, al parecer el suceso ocurrió en otro rincón del reciento, divisó a lo lejos una puerta hacia un estrecho patio interior, arrancó de forma espontanea la flauta que siempre llevaba en su abrigo, al más puro estilo de un maestro jedi, y se puso a improvizar una melodia de dicha en aquel desolado lugar, El sabia que le agradaba la soledad y no importaba hacer esperar a la señora, ese era su momento de liberación de un arduo viaje que ni siquiera llegaba a la primera escala, lo sabia muy bien, aún estaba en Do.
Una chica de un vestido verde fosforo con pintas rojas y amarillas se le hacercó y le dijo: Hola!
-OH, me asustaste, respondió.
Ella le dijo que le atrajo su aroma a música, sin embargo a los demás comensales les pareció bastante triste y con un gusto muy exotico, ella como vivia de las estravagancias queria saber quien era el chef de tan peculiar plato. -ven acompañame, nos esperan dentro, ah disculpa mi descontecia, aún no me acostumbro a esto, ya sabes, aquí hay que hablar de otra forma, pero tú parecer normal, mi nombre es Lucia.
El apenas habia reaccionado cuando Lucia lo llevaba del brazo casi a sancadas, como si ella fuese la ansiosa que recien llegaba. El camino fue bastante extenso para ser un pequeñó cité dentro de una ciudad, cruzaron varias edificaciones, pasaron por un tunel, llegaron a un muro y ella dijo. -Bueno aquí podremos conocernos mejor. El estrañado de la situación, se sonrrojó unos segundos, no se habia dado cuenta la dimensión que tomaba esto, esta chica de principio parecia más pequeña, quizas por unos cinco años, ahora parecia una chica madura, de una altura uniforme a el, con claros indicos de ser una señorita hecha y derecha. El sin dejarse conturbar por la situación, le dijo que los esperaban , le dió su nombre, una pequeña descripción de lo que hacia y el porqué de su estadia en aquel lugar que ahora tomaba apices de maravilla, o ¿seria una onirica ironia?
Lucia lo miró a los ojos, se le acercó y le dijo, pues bien si eres un chico talentoso demuestralo, toca la melodia que tocaste recien, El dijo no puedo, cada improvisacion tiene su esenario, es como su escencia, su catalizador, sin embargo a este lugar le podremos sacar la musica que lleva anegada.
El empezó a tocar, luego se detubo unos segundos, abrió su estuche y sin pensarlo por primera vez, un amalgama de sonidos se desprendia del violin, como si este se multiplicara por cientos, cada vez con mayor intencidad, con más fuerza hasta que aminaba, como un alma en pena que vive su desgracia hasta hartarse de esta, así fue la musica, una melodia nostalgica que Lucia enriquecia con su canto, improvisando una letra para la ocasion, algunas veces con rimas absurdas, pero rimas al fin, al final de la emoción ella lo abrazó y le dijo, - que feliz estoy que seas el nuevo inquilino, me parece que nos llevaremos de maravilla. El nada entendió sin embargo la siguió donde ella señalaba, ya estaban cerca, en verdad todo ese laberintica travesia era una caminata en circulos con que Lucia sirvió para conocer más a su nuevo vecino, la puerta contigua al pequeño patio era la casona, es decir la academia de musica.
Continuará...
miércoles, 30 de julio de 2008
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